Hay un votante que las encuestas no logran ver, y en las tres elecciones con Trump en la boleta decidió el resultado.
No miente. No contesta. No responde una llamada de un número que no conoce, no llena la encuesta en línea, no le dice a un extraño por quién va a votar. Y cuando el encuestador ajusta su muestra, lo repone con alguien que se le parece en el papel pero no vota igual.
En 2016 las encuestas estatales no lo vieron en Wisconsin, Michigan ni Pensilvania. En 2020 la Asociación Americana de Investigación de Opinión Pública documentó el error más grande en cuarenta años en las encuestas nacionales, y todo hacia el mismo lado. En 2024 volvió a pasar. Más chico, misma dirección.
Brasil tiene su propia versión. En la primera vuelta de 2022 las encuestadoras tradicionales le dieron a Jair Bolsonaro varios puntos menos de los que sacó. La que más se acercó fue AtlasIntel, que hoy tiene a su hijo empatado con Lula.
Y hay un voto que conozco bien porque es el de quien me lee: el latino. En 2024 casi la mitad de los latinos votó republicano, y casi ninguna encuesta lo vio venir con ese tamaño.
Mi pronóstico no contradice a las encuestas. Las corrige por el tamaño del voto que no contesta.
Conviene decir con todas sus letras lo que dicen hoy los modelos, porque mis números se separan de ellos. Decision Desk le da a los demócratas 55 por ciento de probabilidad de ganar el Senado y 76 por ciento de ganar la Cámara, con 234 asientos. Nate Silver tiene la boleta genérica en D+9.6. AtlasIntel tiene a Lula y a Flávio empatados en segunda vuelta. Mis tres cifras se apartan de ese consenso en una sola dirección y por el mismo motivo.